Hace mucho tiempo durante una fuerte tormenta dos pequeñas figuras encapuchadas viajan por el espeso bosque, caminan ágilmente pese a la lluvia y el viento, van cuidando de no dejar rastro. Se alejan de los caminos, evitan las poblaciones, hasta que llegaron a su destino. Encuentran una pequeña cabaña en el medio de la nada, las luces están encendidas, poco a poco se acercan, escudriñando todos los rincones en búsqueda de enemigos, se dirigen a la puerta y tocan cinco veces, de inmediato se abre la puerta y otra pequeña figura los recibe. - Rápido entren - dijo el pequeño hobbit - recibí su mensaje, ¿Qué ocurre? Los visitantes se retiran la capucha del rostro, es una pareja de medianos, de entre sus ropas sacan a un pequeñísimo niño, todavía dormido. - Luluch, hermano - dice el hobbit- sé que no es la mejor forma de pedírtelo y también sé que nunca acepté tus métodos, pero eres mi familia y como tal recurro a tí, mantén a salvo a mi pequeño, el es inoc...
En un claro en el bosque, cerca de la aldea de Thik, se encontraba un niño su nombre, es Carmine, cada vez que terminaba con sus deberes se dirigía a ese lugar para probar sus creaciones, todo comenzó cuando un día un bardo llego a su aldea, quedo maravillado con su música y las historias de sus viajes, sin miedo a nada le pidió a este le enseñara un poco y durante la breve estancia de este aprendió lo necesario, claro con sus ahorros a cambio, pero cada moneda que pago valió la pena, por otro lado su padre era un prestigioso carpintero, bastante hábil en la manofacturación de muebles, cosa que no le permitiría viajar ya que al ser el primogénito su deber era heredar el negocio de su padre; así que en secreto Carmine se esforzaba día a día para aprender más sobre los tratamientos de la madera para aplicarlos en la construcción de sus instrumentos musicales. Un día probando la acústica de sus instrumentos, escuchó una voz detrás de el. - Suena bien - dijo el pequeño hobbit...